¿Los santos están mirando tus pecados? Así pareciera percibirse cuando ves un cuadro que te sigue con la mirada a donde quiera que te muevas, y aunque este efecto puede dar mucho miedo hay varias razones que están detrás de ello. 

La ilusión óptica de los ojos que te siguen es ampliamente conocida en el arte y se llama “mirada fija ubicua”. Para hacerla, los ojos tienen que tener la mirada frontal, se tiene que ver la esclerótica (parte blanca del ojo)  y las pupilas tienen que estar justo en el centro del iris, esto da la ilusión de una mirada hiperrealista. x

El resto del trabajo lo hace el cerebro, así lo explica un estudio publicado en 2004, hecho por investigadores de la Universidad de Utrecht de los Países Bajos, y que fue retomado por la Universidad Estatal de Ohio. 

El cerebro interpreta que los ojos son un objeto real, y nos da la ilusión de que nos siguen a donde nos movemos, señala el estudio. 

En cualquier punto donde nos pongamos podemos ver la misma cantidad de iris y la parte blanca del mismo tamaño, lo cual nuestro cerebro interpreta como que la persona nos está mirando. Y conforme nos movemos, nuestra vista ajusta hacia donde va esa mirada, dando la apariencia de que los ojos se mueven con nosotros. 

“Cuando observamos una imagen en la pared, la información visual que define los puntos cercanos y lejanos no se ve afectada por la dirección de visualización. Aún así, interpretamos esto perceptivamente como si fuera un objeto real. Es por eso que los ojos parecen seguirte cuando cambias la dirección de tu vista”, explica  James Todd, coautor del estudio y profesor de psicología en la Universidad Estatal de Ohio. 

Y hay otro factor, aún más psicológico, estamos acostumbrados a que nos miren, así que ante unos ojos hiperrealistas tenemos la ilusión de que son reales y de verdad nos están mirando. 

La mirada fija ubicua es conocida en varias pinturas muy famosas como la Mona Lisa y La joven de la perla, pero sobre todo es común en el arte religioso, por lo que si entras a una iglesia podrías notar este efecto en las pinturas de arte sacro, entre ellas las más famosas como Salvator Mundi de Leonardo Da Vinci y Cristo con la Cruz a Cuestas de Tiziano. 

Así que la próxima vez que entres a una iglesia y sientas que la mirada de Jesús o de los santos te sigue, no te asustes, ya conoces la razón.