Un perro salchicha llamado Beans tenía el aspecto más extraño imaginable. Tan pronto como papá se sentó en el sofá, ella instantáneamente se quedó paralizada y literalmente lo miró fijamente, como si estuviera realizando una tarea importante. No fue sólo una mirada: un verdadero duelo hipnótico como un taxi. Mamá, Megan, se reía siempre, porque era obvio: Beans eligió a papá, Stephen, como su persona principal. No importa lo que mamá hiciera, la atención del perro siempre volvía a él.

Si Stephen se movía, Beans lo seguía inmediatamente. Él se levantó y ella corrió tras él con sus cortas piernas. Cuando él salía de casa, ella se sentaba en la puerta esperando pacientemente su regreso. A veces, su mirada era tan seria que Stephen sentía como si un detective pequeño pero muy persistente lo estuviera observando.

Megan y Stephen no estaban preocupados por eso en absoluto. Incluso si Beans parecía un poco incómoda, para ellos ella era verdaderamente parte de la familia. Adoraban su carácter inusual, sus ojos expresivos y sus hábitos divertidos. Y, para ser honesto, por el bien de su extraño pero querido perro salchicha, estaban dispuestos a hacer cualquier cosa.