Rumeysa Gelgi, de 26 años y originaria de Turquía, está acostumbrada a que su vida sea diferente a la de la mayoría. Con 2,15 metros de altura, es reconocida oficialmente como la mujer más alta del mundo y figura en el Libro Guinness de los Récords.

Debido a su altura, Rumeysa se enfrenta a numerosos desafíos en el día a día. Tiene dificultades para encontrar ropa adecuada, los coches comunes son demasiado pequeños y las puertas y los techos suelen ser demasiado bajos.

Sin embargo, la propia mujer afirma que el récord la ha ayudado a cambiar la percepción sobre su singularidad.

“Para mí era importante que se reconociera oficialmente mi altura. Nací con una enfermedad grave, y muchos siempre la percibieron como una desventaja. Ahora quiero demostrar que incluso lo que parece un problema puede convertirse en una ventaja”, explica.

Cuando Rumeysa tenía tan solo cuatro meses, los médicos le diagnosticaron el síndrome de Weaver, un trastorno genético extremadamente raro que provoca un crecimiento óseo acelerado. Solo unas 150 personas en todo el mundo tienen este diagnóstico.

Según la niña, los médicos no pudieron predecir su estatura durante mucho tiempo. Decidieron iniciar una terapia especial para acelerar la pubertad y detener su crecimiento antes de tiempo.

Además de su extraordinaria estatura, Rumeysa enfrentaba otros problemas de salud, como escoliosis y un defecto cardíaco. Debido a las frecuentes hospitalizaciones, tuvo que recibir educación en casa.

Con el tiempo, Rumeysa aprendió a adaptarse a su estatura. Le fabricaron muebles especiales: una cama, una silla y un escritorio.

Conducir un coche normal le resulta incómodo, por lo que viaja principalmente en furgoneta.

Durante mucho tiempo, Rumeysa creyó que no podía viajar en avión. Debido a las estructuras metálicas de su columna vertebral, no puede permanecer sentada erguida durante mucho tiempo, no más de dos o tres horas.

Además, su estatura ejerce una tensión adicional sobre su espalda.

Ni siquiera los asientos de clase ejecutiva con asientos reclinables eran adecuados para ella; eran demasiado cortos. Sin embargo, en 2022, su sueño finalmente se hizo realidad. Turkish Airlines le asignó un asiento especial a Rumeysa, asignando seis asientos con una camilla para que pudiera acostarse durante el vuelo.

“Era la primera vez que ocurría algo así en un vuelo comercial regular. Todos fueron muy amables conmigo. Claro que la gente me observaba, pero muchos se acercaron a preguntarme si estaba bien”, recuerda.

A Rumeysa no le inmuta el interés.

Hoy, intenta usar su fama para educar a la gente sobre el síndrome de Weaver. Según ella, esta afección es tan poco común que incluso muchos médicos la desconocen.

“Quiero mostrarle a la gente que no se puede juzgar a una persona solo por su apariencia. Incluso lo que parece un defecto puede convertirse en una fortaleza”, afirma Rumeysa con convicción.