Al principio, sus familiares no prestaron mucha atención a una pequeña mancha oscura situada sobre el ojo izquierdo de Zhang Ruifang, una mujer de 101 años de la provincia china de Henan. Parecía una simple zona de piel áspera. Sin embargo, pocos meses después, quedó claro que estaba ocurriendo algo inusual. La protuberancia fue creciendo gradualmente, se endureció y empezó a curvarse hacia abajo.
En el plazo de un año, alcanzó unos 6 centímetros de longitud y guardaba un parecido tan asombroso con el cuerno de una cabra que la historia de la anciana se difundió rápidamente más allá de su aldea.
Los vecinos no daban crédito a lo que veían.
Cuando los habitantes de la zona se enteraron de la peculiaridad de Zhang, empezaron a acudir curiosos a su casa. Algunos sentían temor ante aquel extraño crecimiento, mientras que otros intentaban explicarlo recurriendo al folclore antiguo.
Pero ella misma no veía nada alarmante en ello.
A pesar de su aspecto impactante, la protuberancia no le causaba dolor. Zhang siguió con su rutina habitual: pasear por la aldea, charlar con los vecinos y ayudar a su familia en las tareas domésticas.
No obstante, el aspecto del crecimiento era realmente llamativo. Oscuro, duro y curvado, imitaba casi a la perfección un pequeño cuerno.
Aquello planteaba una gran incógnita: ¿qué era exactamente?
No había ningún misterio; la causa era mucho más prosaica.
La explicación médica resultó igualmente sorprendente.
Estas formaciones se conocen como “cuernos cutáneos”. No se trata de un cuerno auténtico ni de una excrecencia ósea, sino que se forman por una acumulación de queratina, la misma proteína presente en el cabello y las uñas de los seres humanos. En ciertas zonas de la piel, el organismo produce y acumula un exceso de esta sustancia. Con el tiempo, las capas de queratina se endurecen y crean una protuberancia sólida que recuerda al cuerno de un animal.
Estas formaciones son más frecuentes en personas mayores y pueden surgir como consecuencia de diversos cambios en la piel, incluidos los provocados por la exposición al sol. Por lo general, suelen ser mucho más pequeñas que la que le apareció a Zhang.
Pero la historia no terminaba ahí. Entonces, se descubrió un segundo “cuerno”.
Mientras documentaban este caso inusual, otro detalle llamó la atención de los observadores.
Había aparecido una pequeña protuberancia oscura en el lado derecho de la frente de la anciana. Cabe destacar que estaba situada de forma prácticamente simétrica respecto a la primera excrecencia: justo en el mismo lugar donde el primer “cuerno” había comenzado a formarse un año antes.
Parecía que la mujer estaba desarrollando dos de estas excrecencias simultáneamente.
Los especialistas señalaron que los cuernos cutáneos pueden extirparse quirúrgicamente y que el tejido resultante suele analizarse para determinar la afección cutánea subyacente. Sin embargo, la familia de Zhang dudó inicialmente en proceder: la mujer no sentía ninguna molestia y la excrecencia en sí no causaba dolor.
La historia de Zhang Ruifang, de 101 años, parece sacada de una película de ciencia ficción. No obstante, tras esa apariencia sorprendente se esconde un fenómeno muy real de la biología humana.